Antes de dar el primer Martillazo….

lutero¡Aniversario de la Reforma! ¡Todos alegres! ¡Todos avivados y reformados! Barbas largas, boinas negras, togas negras y un espíritu Revolucionario impregnan los aires del Cristianismo Protestante (de la mayor parte de las  denominaciones) al rededor del globo. Y quiero enfatizar que éste no es un intento “revolucionario” para cambiar la manera de pensar de los demás, sino simplemente, y como es costumbre de su servidor, el hacer un llamado a la reflexión.

A lo largo de la última década, la fe cristiana ha visto cambios drásticos, “avivamientos” y tal vez algunas revoluciones en los pensamientos de los profesantes (y de los que dicen serlo). La “aniquilación” de la retórica del “evangelio light”, la “cacería de brujas del neo-pentecostalismo”, la “inquisición anti-arminiana”, entre otras muchas otras. Y en muchos de los casos de los que hemos visto de cerca tales revoluciones (ya uno casi se siente viejo de ver tanta “guerra”), hemos notado que algunos de  los veteranos de cada una de éstas campales batallas han sufrido cambios drásticos en su cosmovisión, en su fe. Ha habido bajas (personas que abandonan la fe cristiana) y algunas recaídas, pero en fin. Muchos de los que en su momento salieron de iglesias “arminanas neo-pentecostales” y abrazaron fuertemente el nuevo calvinismo (casi con el mismo espíritu lleno de “fuego” de Calvino), al final, descansando de tanto amellamiento de sus armaduras, han cesado, han disminuído en su celo por el “ismo”, y simplemente optaron por una actitud “neutral”, viviendo con la tensión.

En fin, pero el día de hoy, muchos agitan banderas de victoria, otros muchos, como su servidor, que antes hacía una apología al “hombre de Dios”, Lutero, ahora pensamos: “Caray, no hay duda que Dios usa incluso a los seres que menos nos imaginamos”. No, no niego para nada el efecto que tuvo la vida de los reformadores en la política, religión y la fe. Sin embargo también creo que no debemos pasar por alto los errores, y lejos de condonarlos, debemos verlos con mucho cuidado, investigar con diligencia (cosa que falta recientemente) y entender “cuál espíritu” motivó en ellos cometer pecados (porque no hemos de disminuírlos a simples errores) para evitar nosotros tales actitudes, que lejos de Glorificar a Dios, traen deshonra a Su Santo Nombre (así como los hombres de la Biblia lo deshonraron cuando pecaron).  No digo que no debemos motivarnos en las victorias del pasado para ahora revolucionar, pero sí creo lo siguiente:

Las victorias pasadas costaron muchos errores y deshonras, las cuales debemos procurar evitar a toda costa.

De nada nos sirve mirar hacia el pasado, si queremos proyectar el pasado como nuestro futuro. Las épocas y circunstancias son distintas.

No es tan útil el leer las Instituciones de Calvino, las cartas de Lutero, o sus biografías, si no procuramos tener la misma diligencia que ellos, y aún una mayor devoción y piedad de la que tuvieron, de modo que busquemos el bien de nuestros semejantes y asímismo, de nuestros enemigos.

No podemos negar la obra del protestantismo en latinoamérica, y (para “horror” de algunos hermanos que son amantes de su denominación) del pentecostalismo, los cuales han procurado llevar El Nombre del Señor y Su Fe (con Su Palabra) a lo largo de nuestro continente. “Pero, ¡son pentecostales!”. ¿Y? Eso no los hace menos creyentes. Uno de los errores que comentemos actualmente, y sobre todo quienes son recalcitrantemente no cesasionistas, sino Anti-Continuistas, es que echan al infierno a los hermanos evangélicos tradicionales, sin los cuales, probablemente, ellos no hubieran llegado a conocer al Señor. Condenan a quienes Dios usó para salvarles, para minitrarles y darles su primer alimento espiritual. Lejos de tener un corazón tierno, como lo dice La Palabra de Dios, acerca de los que han alcanzado conocimiento, azotamos y arrojamos a la hoguera a aquellos que tienen muy probablemente un corazón más devoto y apasionado por Dios y Su Palabra (porque aunque muchos de ellos no son tan letrados y no conocen tantas herramientas Teológicas, son muy apasionados de la Palabra). Lejos de buscar instruir por el camino correcto y ortodoxo, queremos simplemente aniquilar su fe y pasión, y estancarlos en las 4 paredes del intelectualismo soberbio  y frío que impregna el corazón de muchos inquisidores.

¿Necesitamos una nueva reforma?

No lo creo. Más bien creo que necesitamos un verdadero avivamiento. No un avivamiento como el que los Neo-Pentecostales tanto anuncian, sino un verdadero movimiento de parte del Espíritu de Dios, en el que despierte nuestros corazones así como lo hizo con Nehemías e incluso el del incrédulo Rey de Persia. Un mover en el que los corazones de los letrados, sean traídos a aquella pasión del primer amor, no por crear prosélitos, sino de hacer verdaderos discípulos de Jesús, yendo a las calles, a los hospitales, a los barrios marginados. De salir de las cuatro paredes de la Iglesia y de nuestra burbuja denominacional, y recordar lo de antes, voltear la mirada a los hermanitos sencillos, apasionados, y hacer lo que ellos, añadiendo el conocimiento que El Señor nos ha concedido tener. ¿Acaso no podemos simplemente tomar algo de ellos (pasión, fervor, fe), y darles de lo que tenemos nosotros (conocimiento)? ¿Acaso no podemos salir un momento de nuestra “erudición” y volvera a leer La Biblia simplemente, empapándonos del Texto y optar por una Teología Bíblica, una espiritualidad sana y devota, marcar nuestras rodillas de oración y nuestros corazones de Su Presencia, de una manera genuina? No negamos que algunas prácticas no son correctas, pero no por ello habremos de desechar todo y no tomar nada. Asímismo, los creyentes contemporáneos y tradicionales (pentecostales), no deben de echar de lado a aquellos que con un espíritu noble y humilde, han tomado la decisión de una fe Histórica,  y tomar el buen ejemplo y la enseñanza que tengan para darnos. No, no se trata de ser sincretista, sino de ser ecléctico, para bien, en lo que hemos de edificarnos, y  no buscar cómo desacreditar al que bautiza infantes, así como el que es ferviente y danza de gozo. Tomar de la mano la enseñanza que han de darnos los instruídos, y asímismo que ellos tomen la de los otros para tomar su devoción y fervor.

¿Necesitan ellos acaso reformarse?

No, ellos necesitan ser correctamente adoctrinados, instruidos en La Palabra de Verdad. Ellos lo que menos necesitan es que los hagamos fríos como muchos en su momento lo hemos llegado a ser.

No necesitan que les quiten la fe en que Dios es Poderoso para obrar milagros, sino más bien rogar a Dios que nos conceda esa misma fe.

Ellos necesitan que los instruyamos, no que los enfriemos.

No necesitan que los hagamos europeos o “gringos”, sino que en su idiosincracia, aprendan la Palabra.

Jesús no vino a eliminar sus etnias y raíces, sino más bien a Salvarlos y darles una ciudadanía Celestial.

Necesitamos tomar la fe y fervor de ellos, y ellos necesitan nuestra instrucción. Que tengamos la misma fe, en medio de los padecimientos que tienen muchos de ellos, y que ellos también tengan conocimiento para añadir a su fe. Sólo así (creo firmemente) tendremos un cristianismo balanceado, genuino, fervoroso y lleno de Poder.

Antes de ir y dar el primer Martillazo, pensemos:

¿He orado lo suficiente como para ser un reformador? ¿He sido tan diligente en mis estudios de la Escritura (primeramente) de manera que tenga confirmada Una Palabra de Dios respecto a las necesidades de mi generación, de mi ciudad, de mi barrio? ¿Es un deseo genuino del Señor, o es simplemente una emoción (sí, de esas emociones de las que a veces tanto se censuran de los pentes)? ¿Deseo hacer algo auténtico, un movimiento que cambie la manera de pensar de los creyentes a quienes deseo “afectar” (positivamente) o sólamente he de hacer ruido? ¿Estoy dispuesto a dar mi vida por lo que pienso, por la Fe del Señor, por Su Palabra, y a no hacer daño a quienes no estén de acuerdo conmigo o sólo quiero insultar arbitrariamente?  ¿Estoy espiritualmente preparado para no convertirme en aquello que tanto deseo atacar (pero en un sentido diferente)? Es deicr, ¿voy a atacar a un dictador legalista, y procuraré no convertirme en un dictador intelectual?

Antes de dar el primer Martillazo… Leamos la Palabra, Oremos, pensemos, meditemos, reflexionemos. ¿Es necesario tal? No vaya a ser que simplemente echemos a perder una puerta en vano.

¡Feliz aniversario de la Reforma! ¡Dios nos dé un espíritu fervoroso pero lleno de Su Espíritu!

Author: Luis Huerta

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