Ese no es de los nuestros, ¡persigámosle!

El 31 pasó, los 500 años, que estaban siendo un furor desde el año pasado, ya terminaron su celebración, los grinchs aparecieron, los templarios defendieron, y al final de ésta batalla campal, no queda más que levantar los destrozos.

No tengo deseos de hablar de la Reforma como si conociese a fondo los aspectos que la rodearon y a cada uno de los expositores cronológicos de la misma. Pero sí deseo comentar en unas breves líneas, “desde Gayola”, lo que he podido  notar.

Creo que a cada creyente Evangélico, le es motivo de gozo el saber de que, hace medio milenio, La Palabra de Dios fue quitada de su (por así decirlo) cautiverio monopólico (aunque, ejem, Pablo dice que No está cautiva). Es un profundo motivo de alegría saber que El Evento en Wittemberg, abrió las puertas al diálogo, y que fue una punta de lanza para un desencadenamiento de hechos políticos, religiosos, lingüísticos, entre otros.

No podemos pecar de negligencia al negar tantas cosas buenas que por la Providencia divina, a través de la vida de Zwinglio, Lutero, Calvino, Knox, entre otros, fue traído con bendición a la Iglesia, a la cristiandad, y al mundo entero.

No me imagino que en la mente de Lutero, estaría el iniciar un movimiento que desencadenaría consigo una explosión en cuanto a la interpretación privada de la Escritura respecta. No me imagino a ese monje agustino, que deseaba que la iglesia Romana tuviera una renovación “desde adentro”, quisiera ser el “iniciador” de miles y miles de denominaciones.

Tampoco me imagino al Genio de Ginebra buscando ser el “papá de los pollitos” de movimientos, bautizados a nombre de él, que buscaran el denostar a sus demás hermanos (aunque  no todos lo hacen, obviamente), y que siglos después, por causa de un “ad hominem” fuere desechado su modo de pensar tan sistemático.

Creo que el problema principal con los movimientos o “ismos” que surgen en todo momento, es el hombre en sí mismo. Sí, miren, es sencillo. Tenemos por ejemplo, movimientos que inician con un hombre de Dios, devoto, con defectos, claro, que busca al Señor, que ora a su Dios, que ama La Palabra de Su Señor, y al final de cuentas, pasa la estafeta a un grupo de personas (creyentes) que no son ni un poco parecidos a él, y que, a causa de su propia naturaleza, tienden a  distorsionar el mensaje que tenía, y al final de cuentas, terminan a echar a perder (en su mayoría de veces) el legado que intentaba dejar aquél varón. De ésta manera, me aventuro a decir, que si los fundadores de los mayores “ismos”, estuvieran entre nosotros, por un solo día , tal vez la mayor parte de ellos, buscarían un lugar dónde esconderse, una gabardina, lentes oscuros, y buscarían que no los relacionaran con los tales.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que debe haber una mesura inteligente en nosotros. Ni muy, muy, ni tan, tan. Debemos aprender a aceptar los hechos históricos, consecuencias, implicaciones políticas, y los demás factores y contextos que rodearon a los grandes acontecimientos en la historia de la Fe en Cristo Jesús, y no cerrar los ojos a los defectos como para ser la burla del mundo por ingenuos, pero tampoco el centrarnos solamente en los defectos, como si no fuéramos capaces de ver la virtud en ello. Dios dice en Su Palabra que si entresacáremos los precioso de lo vil, seríamos como su boca. Denigrar la reforma y sus implicaciones solamente sin ver la virtud, no es inteligente. Idolatrar la reforma, sin ver sus defectos, es ser ingenuo. Pero sobre todo, éste evento y la celebración del mismo, no debe ser motivo de orgullo denominacional.

El orgullo denominacional es aquello que no nos permite ver la virtud en otro grupo, donde su tradición, liturgia entre otras cosas, sean distintas a la nuestra, aduciendo el monopolio de “la verdad” con nosotros, y valiéndonos de aforismos anti-bíblicos, como para ser tajantes cual fariseos en decir cosas similares a “si no os circuncidáis, no podréis ser salvos”. Hemos cambiado la circuncisión, por “si no piensas como yo“, “si no cantas lo que yo”, “si no estudias la Biblia como yo”, “si no crees lo mismo que yo”, entonces no puedes ser salvo.  ¿Qué es este monopolio de salvación que nos hemos creado? ¿Cómo es posible celebrar el “regresar a las Escrituras” e ignorar las advertencias apostólicas acerca de condenar a nuestro hermano y los débiles en la fe? ¿Cómo es posible que hagamos alusión a la historia de la Iglesia pero que olvidemos las razones de los cismas, y las declaraciones de herejía en los primeros creyentes y llamemos “hereje” al primero que no piensa al 100% como nosotros? ¿Celebramos que Lutero pugnó en contra del nulla salus extra ecclesiam pero hacemos lo mismo con nuestros hermanos de distinta denominación?

Que el evento de la reforma sea una invitación al diálogo, bíblico, doctrinal, teológico, donde busquemos, por medio del Espíritu Santo, la Unidad del cuerpo de Cristo, sin  anteponer los prejuicios y diferencias secundarias, antes que la unidad en lo primario, así como sucedió en los primeros siglos de la cristiandad. No tengamos ese espíritu de los discípulos, queriendo oprimir y censurar a aquél que, “En El Nombre de Cristo”, echaba demonios fuera, pero que no estaba en el grupo de los 12. La reforma debe celebrar en sí, que Dios ha ganado para sí un pueblo, que no está limitado a una institución, sobre todo una que deshonra Su Palabra, y que, aún fuera un sistema de pensamientos o doctrinas que no son del todo correctas, Dios tiene pueblo del cual se agrada, y al cual bendice cuando honran Su Palabra, le aman y se aman mutuamente. Celebremos la reforma, tomando en nuestros corazones los errores cometidos en las actitudes, pensamientos y acciones, buscando no cometerlos, según nuestros tiempos, (porque algunos de ellos serían anacronismos) y buscando la misma virtud y devoción, fiereza y entereza de carácter de aquellos que dieron sus vidas, mentes y cuerpos para entregarnos tal legado. Celebremos con un deseo (y llevando a la obra) de que la Iglesia de Cristo, tenga una unidad, no solamente Espiritual, sino una que sea tangible y visible a las personas de este mundo, para que así se cumpla el Mandamiento del Maestro y resplandezcamos con Su Luz. Que al ver que, aunque somos distintos en formas, nos une la fe. Que vean que, aunque algunos no están con los 12, Jesús no los rechaza. Que vean que somos uno, y no sólo que lo afirmamos.

¡Que la Gracia esté con ustedes!

 

Photo by James Pond on Unsplash

Author: Luis Huerta

3 thoughts on “Ese no es de los nuestros, ¡persigámosle!

  1. Me encanta la sinceridad y espontaneidad con la cual expresas esta reflexión tan interesante, y digna de ser leída en cualquier momento. Muchísimas gracias por edificarnos con tus palabras Luis.

    ¡Que estas palabras retumben en muchos!

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