Reseña a «Mero Conocimiento», de Jorge Ostos

Es muy curioso, que las religiones donde se toma un sobre-énfasis en el “equilibrio” (normalmente las religiones orientales), sean las que más llaman la atención y las que suelen tener un sentido, al menos ante los ojos de los demás, como espirituales.

Llama mi atención, cómo en una ocasión en un cartel de una escuela, donde, para referirse a las diferentes disciplinas de la vida que manejan como ciencia, arte, música, espiritualidad, etc, y que representaban con un niño usando un disfraz que representara a cada uno, en el área de la espiritualidad, vistieran a un niño como Mahatma Ghandi y no como a un  predicador o algún otra persona del cristianismo. Claro, podemos decir que el mundo aborrece a Jesús y que por eso mismo, evita toda referencia a Él, pero, ¿no será que en ocasiones somos nosotros quienes hacemos que el mundo aborrezca a Cristo? ¿No será que en ocasiones somos nosotros quienes somos culpables que la gente no nos considere como personas espirituales?

El equilibrio, es un tema común y trending topic en esta era posmoderna. La gente busca una especie de equilibrio interior, y todo aquello que alude a lo mismo, tiende a llamar la atención. Incluso la industria del Cine, llama la atención con personajes antagonistas de los héroes buscando el equilibrio (Thanos). Sin embargo, nosotros como creyentes, en ocasiones, somos las personas que comúnmente tomamos un tabú para este tema, y nos vamos a extremos opuestos, evitando toda clase de responsabilidad por tener un punto medio saludable. Conocimiento versus espiritualidad, teología versus oración, intelectualismo versus misticismo. O estás de un lado o de otro, y difícilmente encontrarás a quien desee estar en un punto medio, porque tristemente suele ser censurado por ambos extremos. Los elementos “paganos” de las religiones que enfocan el equilibrio interno son tomados por los creyentes junto con el equilibrio que los caracteriza y son echados todos. Tiramos el caldo y las albóndigas. Como los elementos de esas religiones son paganos, entonces, el equilibrio se tiene por pagano, y nos quedamos con una olla que o bien tiene misticismo exacerbado o un intelectualismo frío.

Es en este contexto que llegamos al libro de Jorge Ostos, a quien tengo la dicha de tener por amigo y hermano y cuyo testimonio ha sido de grande bendición a mi vida. A manera de introducción a él, simplemente puedo asociarlo con una palabra: desafío. Todo lo que publica Jorge tiende a desafiar extremos, realidad y paradigmas personales, toma con una mano la historia, y con la otra mano la realidad actual, para crear un eslabón inquebrantable que obliga al lector a cuestionar todo lo que creía saber y todo lo que pensaba creer.

Reseña por capítulos

En el capítulo 1 y 2 Jorge comienza enseñando conceptos, perspectivas y estableciendo los fundamentos primarios y básicos para comenzar a entender el lenguaje que se usará en el libro. Importante en demasía es prestar atención a éste, con la finalidad de que no haya confusión. Debo decir con toda sinceridad que éste es el capítulo más “difícil” de leer, y en cierto modo, de digerir. ¿Por qué? Simplemente porque desde este capítulo se comienzan a caer argumentos preconcebidos y se pone a prueba si el deseo del lector es venir con humildad a aprender o a simplemente “corroborar” que lo que tiene en su pensamiento es lo correcto, sin deseos de cuestionarse a sí mismo.

Hay algunos términos que tal vez usemos de manera popular y que en este primer capítulo vengan a esclarecerse y de esta manera, a entender su correcto significado, y no el que se la ha dado popularmente, así que, en espíritu de esto mismo, estemos prestos a aprender, y si es necesario, a desaprender.

Desde el capítulo 1 nos afirma Jorge cuál es su posición y la dirección que tomará el libro, que, en una parte insta al estudio riguroso y serio, pero a la vez, sin dejar de lado la parte humana, y espiritual del mismo. El conocimiento es en parte (tristemente) un tabú que ha sido visto de lejos en la cristiandad moderna, e interpretado a la luz de la mala práctica, lejos de ser visto como lo que realmente es.

En el Tercer y Cuarto Capítulo, Jorge, nos lleva al testimonio Escritural con la finalidad de establecer ejemplos y narraciones a través de las cuales, ya no son “los hombres” quienes están dando a conocer su opinión, ni son definiciones actuales, o “filosóficas”, sino el testimonio de Dios mismo a través de lo que Él nos ha revelado como cierto, lo cual nos lleva a entender el conocimiento, la sabiduría, la inteligencia, y todo lo concerniente a la sapiencia, y a verlo a la luz que realmente importa, a la Luz de Dios y de Su Palabra Verdadera.

Muchos con esto pensarían que el libro ya es suficiente y la evidencia no necesita más para poder entender y llegar a una conclusión. Con el testimonio Bíblico parecería suficiente, sin embargo, en la práctica, se ha visto que el evangelicalismo, de labios refiere responder a la Biblia, pero en la práctica se dista mucho de ello. De ahí que Jorge, como buen ortodoxo, implemente una herramienta la cual, usa con la maestría de un experto artesano.

El Capítulo 5 viene trayendo el testimonio de los Padres Apostólicos, Padres Nicenos y Post-Nicenos. Cada uno, de ellos, dando testimonio a través de sus escritos, el cómo la sabiduría es necesaria para la vida de fe, para el confrontar las malas enseñanzas e incluso las herejías, y al mismo tiempo mostrando cómo a través del testimonio de la Historia de la Iglesia, que cierto Conocimiento tomado de manera incorrecta, (o como Jorge le llama “Mero Conocimiento”) puede ser peligroso para el vivir en comunidad de fe, estando sostenidos en doctrinas inferidas por  dicho conocimiento estéril y ajeno a toda espiritualidad.

Hasta este punto, algunos estarán dudosos en cuanto al manejo de la información, sin embargo, Jorge cuenta con un gran número de referencias históricas y académicas que avalan no solamente sus palabras, sino los argumentos que usa. Algunos de los Padres e iconos  (simbólicamente hablando) que algunos pudieran tener, pueden llegar a ser echados abajo, bajo el escrutinio de la Historia y de la Tradición Cristiana misma. Para este punto debemos recordar que el Cristianismo antiguo tenía una situación difícil, por un lado, entendemos que hay cosas que ellos llegaron pensar como secundarias (las cuales ahora son motivo de levantarse en armas unos contra otros) pero que al mismo tiempo había otras enseñanzas que consideraban medulares y como dogmas (algunas de ellas son motivo para que los cristianos no se inmuten ni por poco, o al menos no lo hicieron en su momento), ante las cuales, categóricamente se mostraba un rechazo con sumo celo, algunas de ellas, simplemente nacían de mezclas de pensamientos fríos y filosóficos, que eventualmente mutaban en enseñanzas que ponían en riesgo la preservación del depósito de la fe. Por tanto, no debemos temer que echen abajo ídolos, sino más bien seamos sabios y prudentes ante la evidencia.

El capítulo 6, habla de la historia, las tragedias y altibajos de la cristiandad. Debemos ser maduros a la hora de leerlo. La Iglesia, al igual que Israel, fue llamada a ser la luz del mundo, sin embargo, hubo momentos en que ciertos sectores de la cristiandad, lejos de reflejar luz, reflejaban una misión distinta a la que El Señor había llamado, y por tanto, fueron de tropiezo para el avance de la fe y de la comprensión de La Palabra de Dios. En éste capítulo, algunos beberán tragos amargos, pero que son necesarios beber para poder madurar y crecer en la fe. Aprender de los errores pasados, nos enseñará a forjar un mejor futuro.

Y para finalizar, el epílogo. ¿Qué puedo decir? Terminaba de leer las últimas páginas del libro de Jorge mientras escuchaba al mismo tiempo las 4 estaciones de Vivaldi. Mientras leía las últimas páginas, en una parte “intensa” de la música, se entremezcló con la narrativa histórica que Jorge implementó como una herramienta para hilvanar su último movimiento y llegar a una magistral conclusión ante la cual, no nos queda otra opción excepto reconocer nuestro pecado y arrepentirnos. ¿Arrepentirnos? ¡Claro! Este es un libro académico y con un tono más elevado que su libro anterior, sin embargo, ante tal evidencia Bíblica, Patrística, Histórica y demás, no queda otra opción excepto reconocer la enfermedad que en algún momento a todos nos ha atacado, y de la cual algunos siguen padeciendo como lo es “El Mero conocimiento”.

Jorge no necesitó ni se valió de una retórica que fuese elaborada con grandes palabras ni lenguaje técnico. El desarrollo del libro, en sí, no se puede sentir. Jorge, simplemente hace una investigación histórica, Bíblica, etimológica y simplemente concluye. Sin más ni menos. Ante tal evidencia, ¿se necesita mucha retórica? Personalmente lo dudo. Personalmente creo que la evidencia es clara y contundente como para llegar a una conclusión que satisface completamente las expectativas del libro. El libro cumple con su cometido, para el público hacia el cual se dirige, y pone cartas sobre la mesa, haciendo la invitación a seguir a Jesús, en amor.

Conclusión

En éste libro, Jorge sigue manteniendo un espíritu pedagógico y al mismo tiempo tierno y pastoral. Sin embargo el tono académico es claro al pasar las páginas del volumen. Al igual que su libro anterior, muestra un desafío el cual todos necesitamos tomar y plantearnos en algún momento. La esencia del autor se sigue palpando en esta investigación, y sin lugar a dudas, cambia el rumbo de la publicación. A comparación de “Más humano, más espiritual”, que tiene un sentido a un público general, éste libro nuevo, se dirige a un público con más preparación doctrinal, teológica, y profesional. En ningún momento, Jorge deja de mirar al cielo en sus publicaciones, procurando tener una mano en el cielo y la otra en la tierra para conectarlos de una manera cristiana, meditativa y espiritual. Rompe los paradigmas y tabúes acerca del conocimiento y la espiritualidad y exhibe al mismo tiempo los peligros de los extremos y las distintas posturas que pudieran llevarnos en algún momento en ir a la deriva de alguno de éstos. Podemos notar a un Jorge que al mismo tiempo muestra su capacidad académica, sin dejar de lado lo espiritual, bello y contemplativo que distingue a la fe ortodoxa.

Mero conocimiento, es una obra OBLIGATORIA a ser leída por todo creyente que tenga deseos de estudiar con seriedad la escritura, ya sea de manera autodidacta, en un seminario, para prepararse para servir al ministerio, y sobre todo aquellos que, en un avivamiento personal y que “han descubierto” la “sana doctrina” buscan conocer la Escritura y profundizar en ella. No para que nos detenga en el deseo de seguir estudiando, sino para que sea una guía para poder guiarnos en la actitud del corazón correcta, para no caer en ninguno de los dos extremos que tanto daño han hecho a la cristiandad y al mundo, entorpeciendo así, la misión que El Señor nos mandó.

Aprendiendo y amando correctamente, seremos creyentes, en palabras de Jorge “intelectualmente espirituales y espiritualmente intelectuales.”

Recomiendo ampliamente este libro, y espero esta reseña haya sido de bendición para sus vidas, así como fue la lectura del libro para mí. La gracia del Señor esté con ustedes siempre.

Author: Luis Huerta

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