Fieles en lo poco

En el cristianismo de los 80’s– 90’s –al que podríamos denominar, no despectivamente, yiyeavilismo, hasta el inicio de su debacle a finales de los 90s o inicios del 2000–, se acentuó la perseverancia de las disciplinas espirituales como un motor o aliciente para perseverar en la fe.

El acceso a la información teológica no era común y era, por lejos, vago. Si ahora que tenemos una creciente ola de información difícilmente se consideran tales avances, antes, no era algo en lo cual se pensase.
Las creencias o temas a tocar en la academia eran caricaturizados, ridiculizados, censurados y desestimados, por la masa de creyentes promedio que se convertían en medio de milagros y portentos del Espíritu Santo a través de los evangelistas.

La enseñanza era básica, rudimentaria, la predicación sencilla y el seguimiento posconversión incluía pasos sencillos para perseverar en la fe. La persona nueva, comúnmente solo escuchaba una predicación (por lo general) que apuntaba al advenimiento de Jesús y la necesidad de arrepentimiento, oraba, en ocasiones recibían un milagro, y se le invitaba a cosas tan sencillas, pero que a la vez resultarían vitales para su continuidad en la fe. Estos primeros pasos de la fe eran por lo general: orar, leer la Biblia, ayunar, congregarse y meditar en la escritura.

Quienes asistían o se convertían en medio de una situación inmoral, por default sabían que debían abandonarla. Pero para ello, el énfasis en las disciplinas anteriormente mencionadas, serían muletas imprescindibles para lograr su restauración y permanencia en la vida de comunidad.

«Usted no deje de orar, pegarse a la Biblia, ayunar, y el enemigo le tendrá miedo.» Solían decir los pastores y evangelistas.

Algunos dirán que el motor de Yiye Ávila y otros evangelistas era la culpa, sumado al vertiginoso ascenso del movimiento dispensacionalista, que colocaba en el oído de la audiencia la posibilidad de no participar en el arrebatamiento. El temor y la culpa, según algunos, era lo que motivaba a las personas a venir al arrepentimiento y la fe de Jesús. Motivaciones o incentivos. El temor de ir al infierno, quedarse cuando el arrebatamiento aconteciese, o ser inculpado por causa de no llevar el evangelio (de las almas que se perdieran), pasaban a ser una especie de motor, que llevaba al creyente laico y común a hacer la labor y/o llevar a cabo los ejercicios que ejercitaran su fe.
Por tanto la perseverancia y la obediencia eran vitales. Todo aquello que pudiera desviar de la fe, era tajantemente rechazado. “Hoy les hablaré de la doctrina una vez salvo, siempre salvo”. “Hoy tocaremos el tema de la oración en lenguas”. “Hoy hablaremos de la Biblia y su autoridad en el mundo”. “¡Estos temas ya no se hablan en los seminarios de teología esos!”, son introducciones a sermones que eran comunes de escuchar.

Los académicos eran vistos ante el imaginario colectivo, como un montón de cerebros inflados carentes de toda espiritualidad sincera y de comportamiento errático e inmoral, críticos de Dios y de la Biblia, y prontos a naufragar de la fe (justo como igualmente ahora se cree, pero mucho más). Por tanto, si el predicador –el cual era tenido con sumo respeto– denigraba tal o cual práctica, o doctrina, el pueblo le obedecía.

Ante la falta de información –o de alcance a la misma, respecto a la academia, ciencia o incluso medicina– es normal, obviamente notar por qué este cristianismo de creencias sencillas haya tomado fuerza y prevalencia. El evangelismo era vital, común y casi obligatorio. Se dice que Yiye Ávila no predicaba en una ciudad a menos que todas las iglesias estuvieran de acuerdo y orando a favor de dicho evento.

Por tanto, este cristianismo carecía de herramientas teológicas y del alcance como se tienen ahora. Pero, era fuerte en la oración, ayuno, evangelismo, lectura de la Biblia y en congregarse. La jerga cristiana, viene probablemente a ser un subproducto de este evangelicalismo.

«La expansión geográfica de la teología puede a la postre resultar el acontecimiento más importante en la teología del siglo XX.» 1)Justo L. González, Historia del Pensamiento Cristiano Cap.27

Ellos fueron fieles, leales, en lo poco que tenían y eso los fortaleció. Les concedió alcanzar a tener impacto en las distintas esferas de la sociedad, en la familia, en la política, en la religión. Un artículo de sociología, cita lo siguiente:

Stoll, a su vez, argumenta que las iglesias evangélicas que crecen en América Latina proporcionan a los pobres un nuevo tipo de grupo social que les permite enfrentar los infortunios causados por las violentas transformaciones sociales y la indiferencia burocrática del Estado frente a ellas. Como consecuencia de esa adhesión, surgiría una vida comunitaria estructurada «sobre una base mucho más estable, al superar la adicción de los hombres al alcohol, al refrenar la licencia sexual masculina y al establecer a las autoridades eclesiásticas como a una especie de corte de apelación para las mujeres agraviadas»20. Para el autor, los grupos populares tienen en las iglesias evangélicas algo así como «un ejercicio utilitario, en el que los marginados se adaptan al desarrollo capitalista, organizándose en sociedades de beneficencia». Ellas serían «una nueva forma de organización social, con su propia lógica poderosa»2)Airton Luiz Jungblut. Ser evagélico en América Latina, Nusso. https://nuso.org/articulo/ser-evangelico-en-america-latina/

Al no haber tanto debate vacío o infructuoso contra el ateísmo, etc., ellos no se vieron amenazados. Al no haber tanta información o difusión de descubrimientos que amenazaran su fe sencilla, ellos no corrían riesgo.
Con eso, no digo que fuera el mejor de los cristianismos, o que tuvieran todo. Creo que una ilustración sería la mejor manera de describirlo. Esto es similar a una población aislada, donde los pocos enfermos habitan fuera de la misma. Esto no significa que la población esté fortalecida en anticuerpos, simplemente, están ya aislados o aíslan todo aquél que corre el riesgo de enfermarse. Al no haber exposición a la enfermedad, ellos están «sanos».

Al no haber un peligro o atentados contra la fe tan comunes, o al menos que llegaran a los oídos del cristiano común, ellos no se preocupaban por ello. Tomaban lo que tenían y lo abrazaban con fe y seguridad.

Ellos fueron fieles en lo poco que tenían, y no se despegaron de ello. A causa de esto, los cristianos de viejos tiempos, se asombran al ver la poca espiritualidad de cristianismo actual, trayendo a ellos nostalgia por lo anterior y poniendo en sus bocas los dichos comunes como que “han dejado de leer, pronto se irán de la fe”.
Ellos ven peligro en un creyente que lee su biblia 10 minutos pero que devora tomos enteros de teología. Ellos ven con extrañez a un creyente que difícilmente hilvana una oración de 5 minutos, pero que tiene una lucidez impresionante ante los temas de filosofía.

Esto tampoco significa que toda la generación actual sean destacados conocedores de los grandes misterios y profundidades teológicas. Ahora, si bien son más los que pudieran tener un conocimiento más especializado, aun representan una parte menor en proporción a la masa total de creyentes. El problema, es que de estos que tiene un conocimiento mayor, lejos de considerarlo una dicha, un don de Dios y una responsabilidad, todo indica que lo toman como cualquier banalidad. Sin la responsabilidad de compartir de manera madura y piadosa lo que tienen, y tampoco mostrando el carácter de creyentes. Vemos que la cristiandad actual carece de las bases, de las disciplinas primeras, y que, tristemente, muchos de los que ya tiene un conocimiento, aparentemente mayor, carecen del carácter necesario para expresar, mostrar y compartir su fe y conocimiento, de la manera en la que Jesús lo mandó.

Tal vez para los creyentes de edad mayor, nuestra generación representa la decadencia de la fe cristiana previo a la venida de Jesús. ¿Tendrán razón? ¿Hemos deshonrado la fe de nuestros padres? ¿Somos menos cristianos? ¿El conocimiento nos ha hecho menos creyentes o más creyentes? ¿Será que las disciplinas espirituales son limitaciones o prácticas limitadas a una época que traen culpa a nuestra consciencia a causa de la ausencia de ellas? ¿O será más bien que ellos cumplieron lo que tenían a la mano y nosotros tenemos una responsabilidad mayor o diferente? ¿Será que esta generación padece la enfermedad (como lo refiere Jorge Ostos) del “Mero conocimiento” 3)Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.? Justo González dice de la generación del siglo XX:

Los diversos intentos de relacionar el evangelio cristiano con las filosofías de nuestro tiempo tendrán que ser juzgados por las generaciones futuras. Posiblemente hayan servido para darles a algunos creyentes una compresión más profunda de su fe. Pero su capacidad de comunicarse con el mundo de los no creyentes todavía queda en dudas.  4)Justo L. González, Historia del Pensamiento Cristiano Cap.27

Sin embargo, nosotros –esta generación– hemos dejado aquello, lo más básico, hemos ido en pos de lo segundo. Somos buenos en los temas fuertes, pero hemos olvidado lo sencillo. Hemos desenmarañado los misterios profundos, pero hemos olvidado lo místico de la fe. Hemos dejado de asombrarnos, para racionalizar todo. No porque la razón sea un elemento negativo, sin embargo, en ocasiones parece que El Evangelio, Jesús y Dios, son solamente objetos de laboratorio a quienes abriremos de en medio para examinar. Jorge Ostos refiere en su libro Mero Conocimiento:

La excesiva importancia que el hombre le da al intelectualismo hace que quede envuelto en un juego intelectual destructivo y, ese mismo mero conocimiento lo inhibe de entrar en contacto directo con la vida y sus decisiones reales.  5)Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.

Asimismo a firma:

El verdadero conocimiento intelectual cristiano, es el que va acompañado de amor y benevolencia. Porque lo que interesa no es un mero conocimiento intelectual, sino un conocimiento que esté enraizado en el amor.  6)Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.

Hemos querido correr, obviando que podemos caminar. Esto, hablando de quienes desean o tienen un conocimiento –por así decirlo, porque la realidad es que tampoco lo es– alto pero que carecen del carácter y madurez. Tenemos retos y desafíos distintos en este siglo, aunque la misión de la Iglesia sigue siendo la misma: hacer discípulos. Y formarlos no es tan sencillo en un mundo tan distinto y no lo lograremos a menos que afirmemos lo primero. Las bases de la vida cristiana son esas, y Dios no premiará ni honrará lo que nos propongamos, a menos que seamos fieles en lo más sencillo.

Las demandas de este mundo y las respuestas que nos demanda, son distintas y los retos demandan una fe robusta, demandan madurez, espiritualidad auténtica y conocimiento especializado. Pero de nada nos servirá el poder conocer miles de cosas, si no estamos fortalecidos en lo más sencillo.

Las generaciones pasadas lograron su cometido, nos han legado una estafeta importante, ¿cómo habremos de responder a este llamado? Los tiempos han cambiado, pero la pregunta de Dios sigue siendo la misma en cada generación: ¿Quién habrá de ir por nosotros? (Isaías 6:8)

Podremos tener las mejores herramientas, los mejores conocimientos, el mejor entrenamiento teológico, ministerial, cultural, hermenéutico, filológico, filosófico y demás. Pero si no hemos sido fieles en lo poco, no estaremos fortalecidos en lo primero. Seguirá repitiéndose a lo lejos la voz de Jesús, “has olvidado tu primer amor, recuerda lo primero” (Apocalipsis 2:4-5). Seamos fieles en lo poco, y no nos apresuremos en lo que es “lo mucho”, aquello que hemos creído dominar ya. De esta manera, haremos bien, y honraremos al Señor.

La gracia del Señor este con ustedes,

 

Referencias   [ + ]

1. Justo L. González, Historia del Pensamiento Cristiano Cap.27
2. Airton Luiz Jungblut. Ser evagélico en América Latina, Nusso. https://nuso.org/articulo/ser-evangelico-en-america-latina/
3. Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.
4. Justo L. González, Historia del Pensamiento Cristiano Cap.27
5. Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.
6. Mero Conocimiento, Jorge Ostos. Publicaciones Kerigma.

Author: Luis Huerta

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